No toda la ciática es igual: la duración del dolor cambia el enfoque
Cuando aparece la ciática, una de las preguntas más habituales es si se trata de algo puntual o de un problema que puede prolongarse en el tiempo. Aquí es donde entra la distinción entre ciática aguda y ciática crónica.
Antes de avanzar, quiero adelantarte algo importante: al final de esta página tendrás una forma clara de identificar en qué fase te encuentras y por qué esa diferencia cambia completamente cómo debe abordarse el problema.
Vamos paso a paso.
Paso 1: Qué es la ciática aguda
La ciática aguda es aquella que aparece de forma relativamente reciente. Suele estar relacionada con un desencadenante concreto y se caracteriza por un inicio claro de los síntomas.
En la mayoría de los casos, la ciática aguda:
- Tiene una duración limitada.
- Presenta un dolor más intenso al inicio.
- Mejora progresivamente con el manejo adecuado.
Pico de dopamina: la mayoría de las ciáticas comienzan siendo agudas.
Paso 2: Cuánto dura la ciática aguda
No existe una duración exacta, pero de forma orientativa, la ciática aguda suele durar desde unos días hasta varias semanas.
La evolución depende de factores como:
- La causa que la originó.
- La intensidad del dolor inicial.
- La carga física diaria.
- Cómo se maneja desde el principio.
Recompensa retardada #1: un buen manejo temprano reduce mucho el riesgo de cronificación.
Paso 3: Qué es la ciática crónica
Se habla de ciática crónica cuando los síntomas persisten en el tiempo, normalmente más allá de las primeras semanas, o cuando el dolor aparece y desaparece de forma recurrente.
En estos casos, el dolor puede:
- Ser menos intenso que al inicio.
- Variar según el día o la actividad.
- Reaparecer con facilidad.
Esto no significa que el daño sea mayor, sino que el problema se ha vuelto más complejo.
Pico de dopamina: crónico no es sinónimo de irreversible.
Paso 4: Por qué una ciática se vuelve crónica
La ciática no se vuelve crónica de un día para otro. Suele ser el resultado de varios factores que se mantienen en el tiempo:
- Causa mecánica no corregida.
- Exceso de reposo o miedo al movimiento.
- Sobrecarga diaria constante.
- Sensibilización del sistema nervioso.
En muchos casos, la causa inicial ya no es el principal problema, sino el estado de hipersensibilidad del nervio.
Recompensa retardada #2: entender esto cambia por completo la estrategia.
Paso 5: Diferencias clave entre ciática aguda y crónica
Estas son algunas diferencias importantes:
- Aguda: inicio claro, dolor intenso, evolución rápida.
- Crónica: dolor variable, duración prolongada, recaídas.
- Aguda: suele responder bien a medidas iniciales.
- Crónica: requiere un enfoque más global y progresivo.
Pico de dopamina: tratar una ciática crónica como si fuera aguda suele retrasar la mejora.
Paso 6: Cómo se comporta el dolor en cada fase
El comportamiento del dolor también cambia:
- En la fase aguda, el dolor suele ser más constante.
- En la fase crónica, el dolor fluctúa.
- La crónica suele empeorar con el estrés o la carga acumulada.
Observar estos patrones ayuda a identificar la fase real.
Paso 7: Cuándo consultar en cada tipo de ciática
Tanto en la ciática aguda como en la crónica, conviene consultar si aparecen:
- Debilidad progresiva.
- Pérdida significativa de sensibilidad.
- Dolor que no permite dormir ni moverse.
- Alteraciones en el control de esfínteres.
Estas señales requieren valoración prioritaria.
La recompensa prometida: cómo saber si tu ciática es aguda o crónica
Utiliza esta orientación sencilla:
- Dolor reciente, intenso y claro: ciática aguda.
- Dolor que va y viene durante semanas: transición a crónica.
- Dolor persistente con altibajos: ciática crónica.
Identificar la fase correcta es el primer paso para elegir bien el enfoque.
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Para seguir profundizando:
- Consulta qué es la ciática para el contexto general.
- Revisa el dolor de ciática para entender su comportamiento.
- Explora los tratamientos para la ciática según la fase.

